Dos disculpas, taberneros. La primera de ellas, por haber quebrado mi periodicidad de candidatos súper ñoños. Mis ocupaciones laborales me lo impidieron allá desde el mes de mayo/junio, y la férrea holganza mental que me he autoimpuesto en agosto es la culpable de prolongar más allá de lo querido esta demora,
La segunda disculpa, por comparecer sin tonto alguno al que loar sus deméritos intelectuales. No obstante, pasa el tiempo y el ansia por tocar mi tema favorito puede más que el orden cabal que debería guardar cualquier tabernero: búsqueda paciente, descubrimiento de ñoño en medio escrito, referencia, razón y loa del candidato en estas páginas. Pero si digo tema favorito digo: cambio climático.
Una carta al director de El Semanal XL, el suplemento dominical del Grupo Correo ( La Verdad en Murcia) hablaba del cambio climático y de la corresponsabilidad del mismo. Siento no aportar prueba de lo que aquí cito, pero el fulano en cuestión apelaba a la parte de culpa de cada uno de nosotros, y de la necesidad de utilizar el transporte público en lugar del particular, mucho más contaminante. Pero no es suficiente. El epistolante razonaba: si mi abuelo no se movió de su pueblo y fue feliz, ¿qué necesidad hay de utilizar siquiera el transporte público?. Corolario suyo: el ansia de la gente por no estarse quieta (por ejemplo: de la Taberna a Lanteira, de Lanteira a Tabarca, y de Tabarca a Ibiza) es culpable del cambio climático y, consecuentemente del fin del mundo.
Ante esto, sólo un dato también cazado al vuelo en un reportaje de televisión: los incendios sufridos en Indonesia en los dos últimos años, provocados para deforestar la selva tropical y plantar en su lugar madera con la que fabricar muebles de lujo, ha lanzado a la atmósfera más CO2 que todos los aviones civiles desde la creación de los mismos aviones, allá por 1902.
Pero este dato no lo saco a colación para contestar al escritor de XL Semanal: él se contesta solo. Utilizo este pequeño dato (y seguro que, como él, los hay a cientos) para hacer una pequeña reflexión sobre el cambio climático y mi opinión sobre el mismo: mismos perros con distinto collar.
Al parecer lo que más angustia a los agoreros del cambio climático es que por la mano del hombre nos encaminamos, según ellos, a un cataclismo mundial. Sinceramente, el que nos encaminemos o no es para mi lo de menos. Lo más importante es que nuevamente se lanzan voces que claman castigo para quien no hace por evitar el fin de nuestros días, como si el fin de nuestros días no fuese lo único seguro con lo que deberíamos contar: el fin nuestro individual y acaso como totalidad. Pero, reconozcámoslo, es mentar la soga en casa del ahorcado, en el caso de una ñoñasociedad que palidece ante la idea no ya de la muerte, sino de cualquier fatalidad que pueda alterar su existencia vacuna. Hagan la prueba, taberneros, y digan por las esquinas cáncer, infarto, cercenamiento de extremidades, muerte, enfermedad y verán un rosario de rostros pálidos, de gente molesta que no desea aceptar lo inevitable. Decía en los años 60 el gran James Brown: tell it loud, I´m black and I am proud (dilo alto: soy negro y me siento orgulloso). Yo digo: me voy a morir y estoy contento.
Pero, ¿cómo puede aceptar la ñoñasociedad que pueda llegar un día que sea el último?. Y, ¿cómo aceptar que el fin pueda ser por algo tan estúpido como, por ejemplo, que un pedrusco gigante caiga un buen día del cielo?. Frente a la idea cabal de lo poco que somos, y ante la habitual contemplación de ombligos, parece triunfar la idea de que somos dueños de nuestro destino, y que cualquiera que reme en dirección contraria merece reprensión y castigo. Decía antes que esto son mismos perros, pues ante el temor del fin de los días, siglos ha, y siempre queriendo introducir una ingteligencia en lugar del azar y la casualidad, se pensaba en que la voluntad divina acabaría con el mundo por culpa de nuestros pecados, y entonces todos a penar con las flamas del infierno. Ahora han cambiado el azufre de Pedro Botero por el CO2 del todoterreno del Fátum, pero la cuestión es amenazarnos con el achicharramiento eterno si no abrazamos la ortodoxia de la Fe, pues han de saber que la culpa no la tienen reyes, gobiernos y parlamentos: la culpa la tiene usted, que usa su coche, usted, pequeño insecto que tira de la cadena, usted, que tiene la desfachatez de viajar en avión: que haya gobiernos que permitan deforestaciones masivas y el comercio de estas maderas es lo de menos: lo importante es quedarse como el abuelo del personaje citado, quieto en su pueblo, jugando al dominó, pensando que de esta manera burlamos a la muerte, cuando la única verdad por la merece la pena luchar es el único teorema válido: La Ley de los Grandes Números, la constatación matemática de que todas las poblaciones de individuos tienden a distribuirse de acuerdo a una Normal (0,1), cuya representación gráfica es mi única bandera: la curva de Gauss, con un corolario evidente: si soltamos a cien personas, cerca de noventa van a ser idiotas, con algunos percentiles ciertamente deplorables. Como el nieto del abuelo.
Gracias por vuestra paciencia.
1 comentario:
No puedo por menos que, tras leerte, escribir un breve comentario para felicitarte Sr. Cabeza. No sólo has hecho que empieze la mañana con la sonrisa, e "in crescendo" (con los últimos párrafos del texto) hasta las carcajadas. !Eres brillante en las formas y en el fondo!.
Yo también tengo algo que comentar al respecto y es que he aprendido una nueva palabra: ECOTERAPEUTA,que trátese del psicólogo-terapeuta que se especializa en tratar los miedos al cambio climático y que ya promete como la profesión con más futuro ( ya lo es en EEUU) y que pronto tendremos aquí, ¿o ya están?. La mamá de carita de pollo.
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