Me decepciona usted, Doctor
Rubio. Todo el mundo sabe que el fin del mundo lo va a propiciar el efecto
Carrington. De cuando en cuando, en ciclos de 11 años, se produce un máximo de
actividad solar. Esto significa que el sol lanza violentas llamaradas de plasma,
que no tiene nada que ver con las teles, sino que básicamente son electrones
ionizados, algo así como una descarga eléctrica del copón. La Tierra tiene un
escudo que le protege de estas descargas eléctricas, pero si el chorro eyectado
por el sol le da a la Tierra en un determinado ángulo, la descarga solar,
teóricamente, podría penetrar en el planeta. Evidentemente, esto no es muy
habitual. En primer lugar, la descarga tiene que ser lanzada y que le pille a
La Tierra por el camino. Y, de pillarle, normalmente no le golpea en el ángulo
preciso para colar la descarga por los bordes de la magnetosfera: cuando le
golpea de lleno, se forman las auroras boreales en los polos norte y sur. Y no
pasa ná.
Pero de tanto dar vueltas al Sol,
alguna vez, por puro aburrimiento, se colará una descarga eléctrica. Ya ha
sucedido en el pasado, y la pregunta no es si va a suceder en el futuro, sino
cuando va a volver a suceder. El problema es que en la historia de la
humanidad, una tormenta eléctrica solar ha sido inapreciable, porque no tiene
efecto en las personas. Si sucedió en la Edad Media, por ejemplo, nadie se
daría cuenta, salvo por el hecho de que aparecieron auroras boreales por todo
el planeta. Pero cuando sí se dejaron sentir los efectos fue en 1859. Un científico,
un tal Carrington, observó una espectacular mancha solar, propia del peazo
llamarada eléctrica que acababa de soltar el Sol en dirección a la Tierra, y
horas más tarde se sintieron sus efectos: todas las líneas de telégrafo del
mundo comenzaron a soltar chispazos, fruto de la electricidad estática en la
atmósfera, y los empleados que estaban manejando los telégrafos murieron
electrocutados. La cuestión es que en 1859 apenas había aún tendido eléctrico,
y pocos telégrafos, por lo que se repuso lo que había y santas pascuas.
Si ahora volviera a suceder, y
sucederá, todos los aparatos eléctricos se colapsarían por sobrecarga de
electricidad. Coches, aviones, ordenadores, barcos, semáforos,
electrodomésticos, ascensores, quedarían con sus circuitos eléctricos
achicharrados e inservibles, y lo que es peor: las centrales eléctricas
quedarían destrozadas. Los cálculos estiman que reponer los generadores de las
centrales eléctricas llevarían unos dos años. Hasta ese momento, toda La Tierra
volvería, de un plumazo, a la Edad Media, sin un puto endomondo que nos diga
por dónde pijo tirar. Sin electricidad, los sistemas de suministro de agua,
gas, luz se pararían. La gente en las ciudades quedaría desamparada, sin medios
de transporte ni agua potable. En unos días se acabarían los víveres, y cientos
de miles de personas comenzarían a morir de hambre. Al colapsarse los sistemas
eléctricos, los refrigeradores de las centrales nucleares entrarían en parada
y, una tras otra, todas las centrales nucleares del mundo saltarían por los
aires, al estilo Chernobyl.
Las únicas personas que podrían
tener posibilidades de sobrevivir serían los que viviesen en un entorno rural,
con acceso a agua potable y caza. Por eso, deberíamos pero ya hacernos con el
siguiente equipamiento de sobrevivencia tabernero:
-
Latas y latas de Estrelle de Levante.
-
Dyan 6 o Citroën Mehari, en su defecto. Coches,
en definitiva, sin pijadas eléctricas que pudieran funcionar. Y una garrafa de
gasolina, claro.
-
Casa en lo alto de Prao Mayor para verlas venir.
Y al resto del mundo, que le den
por culo.
Saludo
2 comentarios:
por favor sr.troncoso la prosima vez las letras un poco mas grandes que algunos taberneros tenemos la vista como la cerveza cuando esta 10minutos es el baso " DESBREBA"
¡Qué razón tienes Estrella! Nos ha hecho dejarnos la poca vista que nos queda
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