Esta semana se nos ha ido una persona muy querida por todos los taberneros. Los que me conocéis, sabéis que soy persona de pocas palabras, quizás por mi timidez me he acostumbrado a guardarme para mí todos aquellos sentimientos que he ido experimentando, pero con el tiempo aprendí que no es bueno callarse las cosas, que es mejor expresarlo de la mejor manera que uno sepa, y la mía es escribiendo. Tras estos días en los que era inminente la marcha de nuestra querida abuela tabernera, he reflexionado sobre todos aquellos momentos y recuerdos que me quedan de ella, no podía evitar reírme con algunos de ellos y quiero compartilos con vosotros. La gran mayoría son de cuando era muy pequeña y pasaba largas temporadas en el campo, los abuelos, o los abuelitos como siempre les he llamado yo, venían a quedarse con nosotros durante varios días o incluso semanas. Me viene a la memoria, la ilusión de pasar lo que me parecían horas, contemplando la carretera desde el mirador del campo para ver si se acercaba el coche, aquel mítico coche, por la carretera. De dar el aviso a mis padres y hermano: "¡Ya vienen los abuelitos!" para salir corriendo hacia la entrada para ir a recibirlos. Recuerdo cuando el abuelito quiso enseñarme a montar en bicicleta y yo no hacía más que caerme:
- Paco- la abuelita le regañó- déjalo ya que va a acabar haciéndose daño.
- No- me quejaba yo con mi empeño por aprender. Y recuerdo la sonrisa de orgullo de los dos cuando por fin conseguí mantenerme a dos ruedas. Tal vez, ella no lo dijera con palabras, pero lo decía con aquel gesto.
Cómo olvidar las grandes ocasiones familiares en el campo, sobre todo cuando preparaba las migas en aquella enorme sartén, a las que yo, en mi infantil inocencia llamaba "hormigas", que siempre me daba a probar a escondidas cuando nadie miraba. En esos momentos, nos sonreíamos como si estuviéramos haciendo una travesura y nos callábamos sin decir nada.
No olvido los fríos inviernos, el recuerdo de verla comer naranjas junto a la calidez de la chimenea, y a cada trozo que pelaba, siempre me daba un gajo aunque yo no se lo pidiera. Las noches jugando al parchís, la mayor parte de veces ella y yo solas, porque los demás se cansaban de nuestra afición: podíamos hacer hasta tres o cuatro partidas seguidas sin cansarnos.
Y también estaban aquellas mañanas heladas en las que me despertaba, que yo por entonces era muy madrugadora, y me levantaba, bajaba corriendo las escaleras e iba derecha a la cama de los abuelitos a esperar que los demás se despertaran. Y mientras aguardábamos, me contaban historias, me hacía reír, me hacían sentirme querida y feliz.
Y por último, el recuerdo que me parece más curioso. Muchos no lo sabéis, pero yo de pequeña odiaba ver los partidos de fútbol, al igual que ella. Y cuando mi padre y mi hermano se ponían a ver uno, nosotras nos retábamos a ver quién aguantaba más mirando el fútbol... siempre perdía yo, y acababa diciéndole: "si sigues viéndolo, acabará gustándote". Hace unos años, cuando comencé mi andadura como abonada del Murcia, recuerdo que mi abuelita me cogió del brazo y me habló de este mismo recuerdo, y dijo las siguientes palabras: "al final, acabaste viendo demasiado fútbol". Yo me reí y tuve que darle la razón: ¡Al final había acabado aficionándome (y mucho) al fútbol!
También hay recuerdos malos, pero prefiero quedarme con los buenos, con aquellas ocurrencias repentinas que me hacían reír y, sobre todo, con el amor que me dio a lo largo de mi vida.
No te olvidaré, abuelita.
7 comentarios:
Precioso lo que has escrito Doncella, yo que soy de lagrima perezosa desde hace un tiempo me has hecho llorar, PRECIOSO y te aseguro que nunca olvidaras esas cosas. Yo recuerdo a la Madre Maria tanto ( estando ya casada me decia " Quieres que te tome un poco " y yo estaba deseando )
Quiero comentar tu entrada, Doncella, pero no puedo... mujer de pocas palabras, cómo emocionas! Te quiero.
Que bonico!. Un beso Doncella.
Enhorabuena Doncella, has conseguido transmitirnos un inmenso amor con tu entrada. Gracias por compartirlo con los taberneros como yo.
Bien, realmente la entrada más bonica y emotiva en la entrada de este blog. He necesitado varios días para poderla comentar. Un besazo, doncella.
ole, ole y ole. Estas son las cosas que hacen que la taberna sea mucho mas que un lugar, son las personas que la forman un ente fuera de lo normal. Precioso.
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