Sólo quien ha tenido un perro, un buen perro, de los que han acompañado al hombre desde el inicio de los tiempos, sabe lo que es sentirse querido incondicionalmente.
De jóvenes al enamorarnos creímos que aquello era incondicional, qué lejos de la realidad...incluso el amor a un hijo, que podría ser lo más generoso, también estará condicionado a si ese hijo responde al soñado por los padres, hay hilos invisibles que mueven también ese amor... pero un perro, tu perro, te quiere, a ti, sin condiciones, se alegrará siempre al verte, no importa si te fuiste sin decirle nada, o si le saludas al llegar, si has tardado o si se te olvidó ponerle la comida, te quiere, no importa como eres, te quiere... sabe como estás y buscará la distancia adecuada para acompañarte, qué sabios!
Gracias Bruno, gracias! Cuanto te voy a echar de menos!
1 comentario:
Qué penica!
No todo el mundo entiende el dolor que se siente ante la pérdida de una mascota...
A continuación, un fragmento de una poesía muy bonica de Unamuno, que supongo que sí experimentó dicha aflicción:
La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre fiel
se acostó en su madre,
piadosa tierra.
...
Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios porque te has muerto.
¡ También tu dios se morirá algún día !
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en estos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
‘¿ A dónde vamos, mi amo ?
¿ A dónde vamos ?’
...
Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarlos así les preguntaba:
‘¿ A dónde vamos ?’
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