miércoles, 1 de septiembre de 2010

Putos bichos....

Regreso a mis cutre obligaciones laborales aún con el regusto del caldero-anti-síndrome-pos-vacacional del pasado sábado. Las ñoras machacadas me hacen más llevaderas estas primeras horas de pachorra y desgana.

Miro por la ventana y veo nubes que van tapando el último sol del verano. Dicen los hombres del tiempo que estas nubes amenazan traer agua en forma de tormenta, pero yo sé que lo único que traen, suspendida en el aire, es cerveza y ginebra de la buena, y que la única agua que transportan es agua, pero agua tónica.

Digo todo esto por lo mil planes que se avecinan. Oh, somos como barquitos que se acercan a la costa guiados a lo lejos por el potente destello en lontananza del faro de Lanteria. Y bajo ese faro iremos consumiendo semanas varias, con actividades tan lúdicas y prometedoras como el duelo en la cumbre de líderes de 2ªB, esto es, nuestro querido Murcia y el siempre rocoso y noble batallador Roquetas C.F., del que apuesto que ningún tabernero sabe el color de su camiseta. Ni falta que hace, por otra parte.

Dejando al margen las primeras sensaciones otoñales, comparezco en este blog para lanzar dos nominaciones: una a super ñoño y otro a pérmico, ambas dos relacionadas con animales. Como me es mucho más grato gruñir que lisonjar, comenzaré por la de súper-ñoño, dejando la otra nominación para una siguiente entrada…

Nomino a súper ñoño a toda la beatería santurrona que se está formando en pro de los animales. Ayer leí como una inglesita de mediana edad fue captada por una cámara metiendo a un gato a un contenedor de basura. El vídeo fue subido al you tube, y acto seguido se ha desatado una demoledora campaña en Internet contra la incauta guiri. Cuentan que hay algunas páginas de esa cosa llamada Facebook (incomprensible para mí), en la que piden la pena de muerte para alguien tan desalmado. El problema no está que alguien meta un gato en un cubo se de basura. Lo repelente es cómo va formándose, poco a poco, una marabunta bien pensante y fanática dispuesta, gilipollas el último, a rasgarse las vestiduras, a hacerse notar como el más guay, el más chipenlerendi, y el más sensible a favor de los animales. Esto nos lleva, por ejemplo, a la moda que prolifera en plazas de toros y fiestas populares, donde una turba de defensores de los animales no tiene reparos en insultar, escupir y amenazar a quienes desean ver cómo le dan matarile a un toro entre olés y gintonis. Calamaro, que es un señor argentino que dicen que canta, ha tenido que dar de baja su cuenta de tuenti (otra estupidez ininteligible para este tabernero) porque se le ocurrió mencionar que había asistido a una corrida. Tras este comentario, fue objeto de insultos, a cual más procaz e incluso amenazas y deseos de muerte. Evidentemente, uno en su vida puede ser un hijo de puta, un cabrón, una de esas personas que mata su tiempo haciendo la vida imposible a sus vecinos, pero eso sí, que nadie por favor acuda a una corrida, que nadie coma foie, que nadie pise a un caracol, pues las iras de esta nueva religión de meapilas bienpensantes caerá sobre el blasfemo que ose maltratar a un gato.

Salud,

PD: con gran interés vi la rueda de prensa de los dos cooperantes secuestrados, a su vuelta a Barcelona. Me sorprendió su enorme humanidad. Digo esto de enorme porque uno de ellos, entre mohínes y bromas de súper-buen-rollo, dijo que había perdido 22 kilos en su cautiverio. Corolario evidente: qué gordo tenía que estar el hijo puta.

No hay comentarios: