Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados y futuros. Porque todo lo que se ha escrito hasta ahora lo fue para los dioses o para los hombres.
Yo, Sinuhé, hijo de Senmut, en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por esto escribo solo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad. Porque el hombre que escribe y, más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero nada hay que elogiar en mis palabras; mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie. Los niños no escribirán mis frases sobre la tablilla de arcilla para ejercitarse en la escritura. Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber.
Yo, Sinuhé, empiezo a escribir durante el tercer año de mi destierro en las playas de los mares orientales, donde los navíos se hacen a la mar hacia las tierras de Punt, cerca del desierto, cerca de las montañas donde antaño los reyes extraían la piedra para sus estatuas. Escribo porque no volveré a respirar jamás el perfume de la tierra negra durante las noches de primavera. Tenía cuanto un hombre puede desear, pero yo deseaba más de lo que un hombre puede obtener. He aquí por qué estoy en este lugar. Fui desterrado de Tebas en el sexto año del reinado de Horemheb, con la amenaza de ser matado como un perro si osaba volver, ser aplastado como una rana entre dos piedras si jamás ponía el pie fuera de la tierra que me ha sido fijada como residencia. Tal es la orden del rey, del faraón que fue un día mi amigo.
Yo, Sinuhé, escribo esto con plena conciencia de que mis actos han sido malos y mis caminos injustos, pero también con la certidumbre de que alguien obtendrá de ello una lección para sí si por casualidad me leyere. Por esto escribo para mí mismo. ¡Que otros borren sus pecados en el agua sagrada de Amón! Yo, Sinuhé, me purifico escribiendo mis actos. ¡Que otros hagan pesar las mentiras de su corazón en las balanzas de Osiris! Yo, Sinuhé, peso mi corazón con una brizna de junco.
Pero antes de empezar mi libro dejaré que mi corazón exhale su llanto. Que el que ha bebido una vez agua del Nilo aspire a volver a ver el Nilo, porque ninguna otra agua apagará su sed. Que el que ha nacido en Tebas aspire a volver a Tebas, porque en el mundo no existe ninguna otra villa parecida a ésta. Que el que ha dormido en Lanteira aspire a volver a Lanteira, porque no existe en el universo reino de sueños como éste.
Clara era el agua de mi juventud, dulce era mi locura. Amargo y ácido es el vino de mi vejez, y el pan de miel más exquisito no vale el duro mendrugo de mi pobreza. ¡Años, dad la vuelta y volved! ¡Amón, recorre el cielo de Poniente a Levante a fin de que vuelva a encontrar mi juventud! ¡Oh, esbelta pluma de caña, oh, suave papiro, devolvedme mis vanas acciones, mi juventud y mi locura!.
Pronto, mis queridos hermanos de la Orden de La Taberna del Fatum Burlón recibiréis mis epístolas, haced con ellas lo que os plazca.
He aquí lo que ha escrito Sinuhé, desterrado, más pobre que todos los pobres del país de Kemi.
Yo, Sinuhé, hijo de Senmut, en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por esto escribo solo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad. Porque el hombre que escribe y, más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero nada hay que elogiar en mis palabras; mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie. Los niños no escribirán mis frases sobre la tablilla de arcilla para ejercitarse en la escritura. Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber.
Yo, Sinuhé, empiezo a escribir durante el tercer año de mi destierro en las playas de los mares orientales, donde los navíos se hacen a la mar hacia las tierras de Punt, cerca del desierto, cerca de las montañas donde antaño los reyes extraían la piedra para sus estatuas. Escribo porque no volveré a respirar jamás el perfume de la tierra negra durante las noches de primavera. Tenía cuanto un hombre puede desear, pero yo deseaba más de lo que un hombre puede obtener. He aquí por qué estoy en este lugar. Fui desterrado de Tebas en el sexto año del reinado de Horemheb, con la amenaza de ser matado como un perro si osaba volver, ser aplastado como una rana entre dos piedras si jamás ponía el pie fuera de la tierra que me ha sido fijada como residencia. Tal es la orden del rey, del faraón que fue un día mi amigo.
Yo, Sinuhé, escribo esto con plena conciencia de que mis actos han sido malos y mis caminos injustos, pero también con la certidumbre de que alguien obtendrá de ello una lección para sí si por casualidad me leyere. Por esto escribo para mí mismo. ¡Que otros borren sus pecados en el agua sagrada de Amón! Yo, Sinuhé, me purifico escribiendo mis actos. ¡Que otros hagan pesar las mentiras de su corazón en las balanzas de Osiris! Yo, Sinuhé, peso mi corazón con una brizna de junco.
Pero antes de empezar mi libro dejaré que mi corazón exhale su llanto. Que el que ha bebido una vez agua del Nilo aspire a volver a ver el Nilo, porque ninguna otra agua apagará su sed. Que el que ha nacido en Tebas aspire a volver a Tebas, porque en el mundo no existe ninguna otra villa parecida a ésta. Que el que ha dormido en Lanteira aspire a volver a Lanteira, porque no existe en el universo reino de sueños como éste.
Clara era el agua de mi juventud, dulce era mi locura. Amargo y ácido es el vino de mi vejez, y el pan de miel más exquisito no vale el duro mendrugo de mi pobreza. ¡Años, dad la vuelta y volved! ¡Amón, recorre el cielo de Poniente a Levante a fin de que vuelva a encontrar mi juventud! ¡Oh, esbelta pluma de caña, oh, suave papiro, devolvedme mis vanas acciones, mi juventud y mi locura!.
Pronto, mis queridos hermanos de la Orden de La Taberna del Fatum Burlón recibiréis mis epístolas, haced con ellas lo que os plazca.
He aquí lo que ha escrito Sinuhé, desterrado, más pobre que todos los pobres del país de Kemi.
4 comentarios:
Evidentemente, tras este nick no puede ocultarse otra persona que el mismísimo Hosni Mubarak, que ha acudido a nuestra taberna para llorar sus penas tras su salida del poder. Saludos, Hosnito. Me sorprende tu dominio del castellano.
Por los 42 babuinos de Osiris!...Eres tú, Sinuhé, hijo de Senmut?
Alabado sea Amón, que permite a toda una Orden Tabernera disfrutar de las experiencias de un Trepanador, en un bello reino coronado de tanta actualidad.
Que tu corazón se llene de júbilo como lo está el mío.
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Y yo con los rulos puestos y charlando con mi amiga la Belèn E. de nuestros pollos cotidianos...
¿Sinuhé? ¿Tú realmente eres el Sinuhé de la Encarna de Mostoles o el de la Kipa de Egipto? Es que con tanto movimiento internasssional no me llego yo a encontrarme... seas quien seas, seas bien venido.
Por dios qué entrada!, qué hermosas y tristes tus palabras!, cuánta sabiduría hay en ellas!...y cuántos recuerdos se agolpan al leerlas!, yo no amé la medicina por los guapos médicos de las series de mi adolescencia, sí por médicos como tú Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa. Seas bienvenido!
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