jueves, 31 de marzo de 2011

Mal de muchos...




Los taberneros deberían saber que una de las mejores series de televisión de todos los tiempos fue "Sí, ministro", comedia inglesa de principios de los 80. La serie narraba las peripecias de un ministro del gobierno de Su Graciosa Majestad, empeñado en hacer reformas y aligerar el peso de la burocracia inglesa, recortando funcionarios. Evidentemente, todo su trabajo era boicoteado hábilmente por los altos funcionarios del Gobiernos que ponían todo tipo de trabas a los estúpidos planes del ministro.

En uno de los episodios más hilarantes, el ministro descubre que en el centro de Londres, un hospital lleva dos años abierto sin médicos ni pacientes, pues el presupuesto no dio para contratar personal sanitario. Sin embargo, el hospital contaba con un eficiente ejército de administrativos contratado para su gestión. "¿Cómo es posible tener un hospital sin médicos, pero con administrativos?", clamaba el ministro. "No sé de qué se extraña", le respondían, "los administrativos son necesarios para negociar con proveedores, establecer las zonas de influencia del hospital, detallar las pautas de conducta, normas de gestión de calidad, etc. etc. Además, ministro, cerrar el hospital sería un escándalo, y no sólo por los despidos, sino porque este hospital ha conseguido durante los dos últimos años el premio al hospital con los quirófanos más limpios y asépticos".

Esto, que puede parecer una gansada de una serie, fue ampliamente superado en la realidad el fin de semana pasado, cuando el gran Carlos Fabra (ese hombre) inauguró sin pudor un aeropuerto sin aviones, ni pasajeros, ni pilotos. Si antes el símbolo patrio eran toros de Osborne, ahora van a ser aeropuertos sin aviones. No nos preocupemos los murcianos, tras la próxima peregrinación a Lanteira, también nosotros tendremos otro. Preguntado Fabra (ese hombre), por el motivo de inaugurar un aeropuerto vacío, Fabra se mostró indignado: "¿por qué esa pregunta?, gracias a este aeropuerto, los ciudadanos de Castellón podrán pasear por las pistas de aterrizaje, cosa que ningún otro ciudadano puede realizar". Unas pistas de aterrizaje limpísimas, añado.

Cuando uno lee este tipo de cosas, el desaliento acude a este tabernero, unida a la sensación de vivir en un país de imbéciles. Pues no, no caigamos taberneros en el perezrevertismo de pensar que sólo España es un país de imbéciles. Leo asombrado cómo en Alemania, Austria y Suiza han prohibido en televisión episodios de los Simpson... por hacer mofa y befa de la energía nuclear. Mal de muchos...

Salud

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